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Las redes de telecomunicaciones generan enormes volúmenes de eventos cada día. Sin embargo, sin técnicas de gestión de fallos (como el filtrado, el enriquecimiento y la correlación), el ruido generado por un mayor número de alarmas puede dificultar la identificación de la verdadera causa de un problema en el servicio. Por lo tanto, una gestión eficaz de los fallos no consiste en recopilar todas las señales disponibles, sino en transformar los datos brutos generados por la red en acciones claras y priorizadas: el conjunto de tareas que ayudan a los equipos de operaciones a restablecer los servicios rápidamente y a evitar que los fallos se repitan.







